Liga
de La Leche Guatemala
DECLARACION SOBRE EL LLANTO DE LOS
BEBES
Tomado de: www.crianzanatural.com
Hombres y mujeres,
científicas y profesionales que
trabajamos en distintos
campos de la vida y del conocimiento, madres y padres preocupados por
el
mundo en el que nuestros hijos e hijas van a crecer, hemos creído
necesario
hacer la siguiente declaración:
Es cierto que es frecuente
que los bebés de nuestra sociedad
Occidental
lloren, pero no es cierto que 'sea normal'. Los bebés lloran siempre
por
algo que les produce malestar: sueño, miedo, hambre, o el más
frecuente, y
que suele ser causa de los anteriores, la falta del contacto físico
con su
madre u otras personas del entorno afectivo.
El llanto es el único mecanismo que los bebés tienen para
hacernos llegar su
sensación de malestar, sea cual sea la razón del mismo;
debe ser atendido,
pues el bebe no tienen otro medio de avisar sobre el malestar que sienten
ni
pueden por sí mismos tomar las medidas para solventarlo.
El cuerpo del bebé recién nacido está diseñado
para tener en el regazo
materno todo cuanto necesita, para sobrevivir y para sentirse bien:
alimento, calor, apego; por esta razón no tiene noción
de la espera, ya que
estando en el lugar que le corresponde, tiene a su alcance todo cuanto
necesita; el bebé criado en el cuerpo de la madre desconoce la
sensación de
necesidad, de hambre, de frío, de soledad, y no llora nunca. Como
dice la
norteamericana Jean Liedloff, en su obra The Continuum Concept, el lugar
del
bebé no es la cuna ni la sillita ni el cochecito, sino el regazo
humano.
Esto es cierto durante el primer año de vida; y los dos primeros
meses de
forma casi exclusiva (por eso la antigua famosa 'cuarentena' de las recién
paridas); luego, los regazos de otros cuerpos del entorno pueden ser
sustitutivos algunos ratos. El propio desarrollo del bebé indica
el fin del
periodo simbiótico: cuando se termina la osificación y
el bebé empieza a
andar: entonces empieza poco a poco a hacerse autónomo y a deshacerse
el estado simbiótico.
La verdad es obvia, sencilla y evidente.
El bebé lactante toma la leche idónea para su sistema
digestivo y además
puede regular su composición con la duración de las tetadas,
con lo cual el
bebé criado en el regazo de la madre no suele tener problemas
digestivos.
Cuando la criatura llora
y no se le atiende, llora con más y
más
desesperación porque está sufriendo. Hay psicólogos
que aseguran que cuando
se deja sin atender el llanto de un bebé más de tres minutos,
algo profundo
se quiebra en la integridad de la criatura, así como la confianza
en su
entorno.
Los padres, aunque nos han
educado en la creencia de que 'es normal que los
niños lloren' y que 'hay que dejarles llorar para que se acostumbren',
y por
ello estamos especialmente insensibilizados para que su llanto no nos
afecte, a veces no somos capaces de tolerarlo. Como es natural si estamos
un
poco cerca de ellos, sentimos su sufrimiento y lo sentimos como un
sufrimiento propio. Se nos revuelven las entrañas y no podemos
consentir su
dolor. No estamos del todo deshumanizadas. Por eso los métodos
conductistas
proponen ir poco a poco, para cada día aguantar un poquito más
ese
sufrimiento mutuo. Esto tiene un nombre común, que es la 'administración
de
la tortura', pues es una verdadera tortura la que infligimos a los bebés
cuando hacemos esto, y nos infligimos a nosotras mismas, por mucho que
se
disfrace de norma pedagógica o pediátrica.
Varios científicos estadounidenses y canadiense (biólogos,
neurólogos, psiquiatras, etc.), en la década de los noventa,
realizaron diferentes investigaciones de gran importancia en relación
a la etapa primal de la vida humana; demostraron que el roce piel con
piel, cuerpo a cuerpo, del bebé con
su madre y demás allegados, produce unos moduladores químicos
necesarios para la formación de las neuronas y del sistema inmunológico;
que la carencia de afecto corporal trastorna el desarrollo normal de
las criaturas humanas. Por eso los bebés, cuando se les deja
dormir sol@s en sus cunas, lloran reclamando lo que su naturaleza sabe
que les pertenece.
En Occidente se ha creado
en los últimos 50 años una cultura
y unos hábitos,
impulsados por las multinacionales del sector, que elimina este cuerpo
a
cuerpo de la madre con la criatura y deshumaniza la crianza: al sustituir
la
piel por el plástico y la leche humana por la leche artificial,
se separa
más y más a la criatura de su madre. Incluso se han fabricado
modelos de
walkyes talkys especiales para escuchar al bebé desde habitaciones
alejadas
de la suya. El desarrollo industrial y tecnológico no se ha puesto
al
servicio de las pequeñas criaturas humanas, llegando la robotización
de las
funciones maternas a extremos insospechados.
Paralelamente las mujeres
hemos accedido a un mundo laboral y profesional masculino, hecho
por los hombres y para los hombres, y que por tanto excluye
la maternidad; por eso la maternidad en la sociedad industrializada
ha quedado encerrada en el ámbito privado y doméstico. Sin
embargo, durante
milenios la mujer ha realizado sus tareas y sus actividades con sus
criaturas colgadas de sus cuerpos, como todavía sucede en las
sociedades no
occidentalizadas. La imagen de la mujer con su criatura tiene que volver
a
los escenarios públicos, laborales y profesionales, so pena
de destruir el
futuro del desarrollo humano.
A corto plazo parece que
el modelo de crianza robotizado no es dañino,
que
no pasa nada, que las criaturas sobreviven; pero científicos como
Michel
Odent (1999 y www.primal-health.org), apoyándose en diversos estudios
epidemiológicos, han demostrado la relación directa entre
diferentes
aspectos de esta robotización y enfermedades que sobrevienen en
la edad
adulta. Por otro lado, la violencia creciente en todos los ámbitos
tanto
públicos como privados, como han demostrado los estudios de la
psicóloga
suizo-alemana Alice Miller (1980) y del neurofisiólogo estadounidense
James
W. Prescott (1975), por citar sólo dos nombres, también
procede del mal
trato y de la falta de placer corporal en la etapa primera de la vida
humana. También hay estudios que demuestran la correlación
entre la adicción
a las drogas y los trastornos mentales, con agresiones y abandonos sufridos
en la etapa primal. Por eso los bebés lloran cuando les falta
lo que se les
quita; ell@s saben lo que necesitan, lo que les correspondería
en ese
momento de sus vidas.
Deberíamos sentir un profundo respeto y reconocimiento hacia
el llanto de
los bebés, y pensar humildemente que no lloran porque sí,
o mucho menos,
porque son malos. Ellas y ellos nos enseñan lo que estamos haciendo
mal.
También deberíamos reconocer lo que sentimos en nuestras
entrañas cuando un
bebé llora; porque pueden confundir la mente, pero es más
difícil confundir
la percepción visceral. El sitio del bebé es nuestro regazo:
en esta
cuestión, el bebé y nuestras entrañas están
de acuerdo, y ambos tienen sus
razones.
No es cierto que el co-lecho
(la práctica de que los bebés
duerman con sus
padres) sea un factor de riesgo para el fenómeno conocido como
'muerte
súbita'. Según The Foundation for the Study of Infant Deaths,
la mayoría de
los fallecimientos por 'muerte súbita' se producen en la cuna.
Estadísticamente, por lo tanto, es más seguro para el bebé dormir
en la cama
con sus padres que dormir solo (Angel Alvarez www.primal.es).
Por todo lo que hemos expuesto,
queremos expresar nuestra gran preocupación
ante la difusión del método propuesto por el neurólogo
E. Estivill en su
libro Duérmete Niño (basado a su vez en el método
Ferber divulgado en
Estados Unidos), para fomentar y ejercitar la tolerancia de los padres
al
llanto de sus bebés; se trata de un conductismo especialmente
radical y
especialmente nocivo teniendo en cuenta que el bebé está aún
en una etapa de
formación. No es un método para tratar los trastornos del
sueño, como a
veces se presenta, sino para someter la vida humana en su más
temprana edad.
Las gravísimas consecuencias de este método, han empezado
ya a ponerse de
manifiesto.
Necesitamos una cultura
y una ciencia para una crianza acorde con nuestra naturaleza humana,
porque no somos robots, sino seres humanos que sentimos y nos estremecemos
cuando nos falta el cuerpo a cuerpo con nuestros mayores. Para contribuir
a ello, para que tu hijo o tu hija deje de sufrir YA, y si te sientes
mal cuando escuchas llorar a tu bebé, hazte caso,
cógele en brazos para sentirle y sentir lo que está pidiendo;
posiblemente sólo sea eso lo que quiere y necesita, el contacto
con tu cuerpo. No se lo niegues.
"Cuando un recién nacido aprende en una sala de nido que
es inútil gritar...
está sufriendo su primera experiencia de sumisión."(Michel
Odent)
Nota : para más información,
puedes consultar los libros:
* Nuestros hijos y nosotros, Small, M.F. Ed. VergaraVitae
(Buenos Aires)
* Bésame mucho, Carlos González,
Ed. Temas de Hoy
* En busca del bienestar perdido (el concepto del
continuum), Jean Liedloff, Ed. Obstare
* El bebé es un mamífero,
Michel Odent, Ed. Mandala
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